Artes Marciales y su meta discurso

El discurso que a menudo proyectan nuestras sociedades es un discurso que pone en relieve la competencia y el éxito como tópicos esenciales en la satisfacción de la vida humana y como ejes del diario convivir. Si bien la competencia puede ser un disparador de adrenalina para despertar la motivación debido al ancestral mecanismo de supervivencia, “si no somos nosotros es el oponente”; en nuestra sociedad donde se pondera el éxito monetario, la celebridad o la fama por sobre cualquier valor real, el “tener” por sobre el “ser” que puede palparse como un paradigma radical, centralizando todas las aristas de nuestro ser en esas claves, hasta desnaturalizar nuestro interior y perder de vista el sentido de humanidad. Humanidad que abraza la individualidad, que hermana a los diferentes grupos, pueblos, etnias, etc. 

Pues bien, en las Artes Marciales se deposita un otro discurso (debería de serlo) no el de alimentar el ego para sumir al “otro” o bien devorarlo, sino que es mucho más grande más inclusivo, más holísitico su circuito, pues su lógica comienza en la trascendencia de lo mundano para asentarse en el conocimiento del sí mismo, pero no un conocimiento de simple información acumulativa, como una colección de libros, sino más bien como un conocimiento transformador, esto es un conciencia más profunda, más conectada a la verdad de nuestra naturaleza como pertenencia al mundo, como participación de lo que compone al todo. Lejos de buscar ser un contenido metafísico, distante del contacto con nuestra cotidianidad, este discurso es un discurso ordenado, apuntado al desarrollo del cuidado y limpieza de uno mismo, frente a las contradicciones y aporías de un mundo donde la información fluye a torrentes, viaja a velocidades intangibles, en forma inconmensurable, donde nuestro sistema de orientación a veces se ve colapsado, y donde también cada vez es menor ese “lugar” de cultivo propio. A mi entender las verdaderas artes marciales deben estar al servicio de la creación de un hombre más humano, menos mecanizado, más formado, y menos in-formado, más guerrero menos soldado. Congruente en sus potencias, en sus facultades. La perfección no está en su “parecer” sino en su ser, en su fluir en el diario convivir, con sus reflejos, con su escucha, con su libertad de elección y su libertad de expresión sin miedo. Su Chi (energía interna) se canaliza para ser una estructura total, completa; Independientemente de su resultado de éxito, o de lo que puede alcanzar, u obtener, que sin lugar a dudas se convertirá en una tarea no muy difícil. En este sentido es la búsqueda de perfección. No de la ejecución del movimiento en sí, sin espíritu, sino de la ejecución coordinada, desde la intensión mental, pasando por la emoción hasta alcanzar el último eslabón de segmentos de esa cadena de planos ínter conectados. Por eso el alcance de la perfección en el arte marcial es un movimiento total con la “totalidad” Y es allí donde encontrará la fuerza y la belleza de una acción absolutamente comprometida en mente y cuerpo.

Este discurso es un discurso “poiético” pues da lugar a la creación de un conocimiento por un lado y de un “hacer”. De un conocimiento, basado en la experimentación de uno mismo, y en esta base construye su propia palabra y su propio silencio. Y de un hacer como hábito desde la disciplina, entendida como repetición consciente de una acción dispuesta a un logro determinado. Conocimiento y disciplina disipan la ignorancia del mundo, pues conectan y hacen uso de la imaginación, la memoria,la capacidad intuitiva, la resolución de problemas, el calculo espacial, la capacidad de acción, ritmos, estrategias, táctica, visualización y creación al crear también su propia oportunidad de transformar lo que en una primera instancia se creía imposible. 

Este discurso es el discurso silencioso transmitido de generación en generación de maestro a discípulo, no a través de palabras sino la acción misma, no a traves de palabras sino también de silencios y acciones sencillas. Este es mi discurso. Discurso que proyecte sabiduría en su hacer. Y en el creo, pues creo en las artes marciales como una poiesis de un hombre más humano, más poderoso, más concentrado, más atento, más consciente, más genuino, menos distraído, menos pasivo. Imagen

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